La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el aborto peligroso como una intervención destinada a la interrupción de un embarazo practicada ya sea por personas que carecen de la preparación necesaria o en un entorno que no reúne las condiciones médicas mínimas, o ambas cosas a la vez. En esa definición se plasman conceptos esbozados por primera vez en una consulta técnica de la OMS efectuada en 1992. 1 Si bien es una definición muy utilizada, su interpretación no es uniforme. En el presente editorial se analiza su correcta interpretación y aplicación práctica.

La definición de aborto peligroso utilizada en la OMS se conceptualizó en el marco de unas nuevas directrices sobre la gestión de las complicaciones en un aborto provocado y debía interpretarse en ese contexto. Ese vínculo con la guía técnica es fundamental para su correcta interpretación. Nada en la definición predetermina quién debe considerarse prestador de servicios de aborto «sin riesgos» ni cuáles deberían ser las condiciones o preparación adecuadas para practicar abortos. Esos elementos no son estáticos; evolucionan en consonancia con las recomendaciones de la OMS basadas en pruebas.

Por ejemplo, en la guía de la OMS se recomienda en estos momentos administrar mifepristona y misoprostol (o solamente misoprostol si no se dispone de mifepristona) y efectuar una aspiración en lugar del legrado utilizado en el pasado. Actualmente se consideran sin riesgos los abortos provocados practicados en el ámbito de la atención primaria o por dispensadores de atención de salud no médicos. Se espera que las directrices sobre delegación de funciones en proceso de elaboración arrojen luz sobre quién puede practicar sin riesgos un aborto con arreglo a las normas actualmente en vigor.

Fuente: OMS

Deja un comentario